A lo Capote

Aprovechando la libertad que nos brinda la imaginación: juguemos…

Siempre he querido verme atrapada por las pintorescas preguntas de uno de mis escritores favoritos, Truman Capote, al más puro estilo ‘Los perros ladran’.

Entrevista capotiana

Mesa de madera con tacita de café y, de fondo, el mar.Taza de café en mesa de madera, para la entrevista de Trruman Capote a Cat Yuste
DevianArt

Y aquí está, preparado para el momento, excéntrico y mordaz. Me saluda con su característica voz, me estrecha la mano y se sienta en la butaca que he reservado para él, con una mesa de por medio y dos copas llenas de lo primero que he encontrado en el mueble bar. Me observa, analítico, y, sin apearse de la distancia que ofrece el “usted”, comienza con su batería de preguntas…

P: Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?

R: Si le contesto «en mi imaginación» voy a caer en un típico tópico, aunque sea la absoluta verdad. Por eso, le diré que no me importaría vivir en casa de tía Emma. Sobre todo porque, si sopla un Poco de viento, puedo acabar en el país de Oz, lleno de color y de seres sorprendentes.

P: ¿Prefiere los animales a la gente?

R: Depende de que animales y depende de qué gente.

P: ¿Es usted cruel?

R: Lo justo, pero no lo suficiente. Eso sí, siempre conmigo o con mis criaturas.

P: ¿Tiene muchos amigos?

R: No soy posesiva, yo no los tengo ni tampoco los retengo. No creo que los amigos sean una posesión. Pero, inexplicablemente, sí que tengo muchos amigos, a pesar de este carácter que gasto.

P: ¿Qué cualidades busca en sus amigos?

R: Yo no busco, yo encuentro. Y en cada uno de ellos encuentro algo distinto, algo que les hace ser únicos.

P: ¿Suelen decepcionarle sus amigos?

R: Las decepciones llegan cuando esperas algo… Por eso, lo mejor es no esperar nada.

P: ¿Es usted una persona sincera?

R: Quizá tenga exceso de sinceridad, a veces, pero procuro no ir cometiendo “sincericidios» a diestro y siniestro.

P: ¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?

R: Siempre he pensado que eso de “tiempo libre” es un oxímoron. Mi tiempo no es libre, está sometido a las mil cosas que debo hacer en mi día a día. Pero si algún día tengo superávit de tiempo, prometo dejarlo libre.

P: ¿Qué le da más miedo?

R: Como comprenderá, no le voy a decir qué o quién. No es cuestión de darle pistas a los de alrededor. Solo le diré que miente quien dice que no teme a nada ni a nadie.

P: ¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?

R: Pocas cosas me escandalizan, “cada uno es cada cual y baja las escaleras como quiere”. Lo que no soporto es que se abuse de alguien incapaz de defenderse.

P: Si no hubiera decidido ser escritora, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?

R: Nada. Si no hubiera sido escritora… no existiría, se lo aseguro.

P: ¿Practica algún tipo de ejercicio físico?

R: Practico un ejercicio físico y químico: la ironía. Todos los días o, al menos, eso intento.

P: ¿Sabe cocinar?

R: Quiero pensar que sí, aunque soy tan perfeccionista que, hasta en eso, me llevaría la contraria.

P: Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?

R: Sinatra, por supuesto. Un tipo fascinante, al que el sombrero y el cigarro le sientan como a nadie, mejor que una camisa hecha a medida.

P: ¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?

R: Deseo.

P: ¿Y la más peligrosa?

R: Deseo.

P: ¿Alguna vez ha querido matar a alguien?

R: Ya lo he hecho. He matado, sí, a mis criaturas. Mis personajes se dejan morir las veces que haga falta.

P: ¿Cuáles son sus tendencias políticas?

R: No me gusta posicionarme. Al fin y al cabo, todos acaban traicionándonos, de una u otra manera. Solo cambia el color de la baraja, pero la partida de cartas es la misma.

P: Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?

R: Si es cuestión de ser cosa… Sería “cualquier cosa”, poco importa, ¿no cree?

P.: ¿Cuáles son sus vicios principales? ¿Y sus virtudes?

R: No dejo a mis vicios que sean principales, procuro camuflarlos en una vulgar colección de papeles secundarios. Y mis virtudes, no soy yo quien debería enumerarlas, si es que acaso tengo alguna.

P: Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?

R: La vida de otro, de cualquiera de mis criaturas, por ejemplo. Mi vida es muy aburrida y, además, la tengo muy vista.

¿No ha estado mal? Claro que si lo que andas buscando es una biografía “clásica”, deberías abrir esta puerta.