Lucía en confinamiento

Aquí estoy, en casa, como tú.

Hoy no hay prisas, ni taxi, ni banco donde esperar. Hoy hay confinamiento y ya son diecisiete días con sus diecisiete noches.

Sé que todos lo estamos pasando mal, que se nos está escapando la vida en los hospitales sin darnos la oportunidad de decirles adiós y de  cogerles la mano mientras emprenden este viaje sin retorno. Lo sé. Desde aquí, desde estas líneas, todo mi apoyo y mi solidaridad con los que están sufriendo y con los que se están batiendo el cobre para paliar todo este dolor.

Dicho esto —y con permiso—, vamos con algunos detalles de los que quizá no somos tan conscientes.

Los de mi club, los ciegos, además del confinamiento físico, nos enfrentamos al confinamiento tecnológico. Y me explico. Voy a dar nombres para sonrojo de esas empresas que se llenan la boca diciendo que están al lado de todos, pero es un “todos”· incompleto.

Me han llegado al móvil, supongo que como a ti, cientos de propuestas, la mayoría, por desgracia, de carácter visual: el Circo del Sol, el Valle del Jerte, ingentes juegos online… Una pena pero, hasta cierto punto, comprensible.

Claro que el colmo está en la opción de hacer la compra por las numerosas aplicaciones para que lo traigan a casa… ¿Por qué? Porque, desgraciadamente, la inmensa mayoría (por no decir todas) carecen de una accesibilidad al cien por cien.

El otro día me instale la aplicación de Carrefour. ¡Genial!, el aviso me decía que las personas con discapacidad teníamos preferencia. Y me puse al lío… Después de tres horas de frustración, tuve que desistir de hacer la compra.

Me puse en contacto con la marca vía twitter y su respuesta… digamos que fue un brindis al sol. Me pidieron disculpas y poco más. No me dieron ninguna solución…Supongo que no se van a molestar en hacerlo accesible, justo ahora que es cuando más se necesita que la tecnología se ponga al servicio de los más débiles.

Pictograma de prohibido ciegos.

Aquí voy a hablar por mí. Ya nos sentimos bastante limitados a lo largo del día como para que, en momentos como estos, se nos recuerde de continuo que somos (y perdón por esta expresión) ciudadanos de segunda. A mí no me vale que me digan que pida ayuda, no necesitaría pedirla si hubiera una buena accesibilidad. Y todos sabemos que, ahora y con el avance de lo tecnológico, podría hacerse sin problemas. Pero, como siempre, nos olvidamos de un colectivo que es bastante numeroso.

Señores, el colectivo ciego o con discapacidad visual nos merecemos las mismas oportunidades y los mismos derechos.

El colmo llegó ayer cuando, dando una vuelta por twitter, encontré esto.

AXN España respondió a mis quejas con un insípido “lo siento”, obcecándose en su decisión por encima de todo. Está claro que el dinero es el dinero y lo demás es conversación.

No voy a entrar a discutir ese comentario ofensivo sobre la manera de que “aprenderás inglés”, porque entiendo que la ignorancia es muy osada. Pero me parece de vergüenza que se nos excluya de un producto simple y llanamente por cuestiones de… ¿dinero?, ¿prisas?, ¿falta de empatía?

Pero claro, Donde habita el egoísmo no puede haber empatía. Y es que e, como ves, en algunos casos lo de excluir a la gente, en estos momentos de sálvese quien pueda, parece deporte nacional.

Es una pena que una empresa como AXN España prefiera mantener el ritmo de emisión, aun dejando en la cuneta a todos aquellos que, por unas razones u otras, no pueden hacer uso de los subtítulos, en lugar de esperarse para ofrecer su producto a todo el mundo, cosa que debería ser una constante, un derecho, y no un privilegio.

Esto no solo pasa con las televisiones, las plataformas o los contenidos online; esto también es habitual entre los autores que defienden su postura de no poner los libros en formato en digital (por miedo a la piratería), obligando a un colectivo a tener que disfrutar de esa obra mucho tiempo después —y cuando digo mucho es mucho tiempo—, porque un audiolibro no se hace en dos días y la transcripción al braille también conlleva su buen número de jornadas.

En conclusión:

En vista de todo esto, yo tengo mi propia teoría: si tú me excluyes de tu mundo, yo te excluyo del mío. Por lo que, lamentablemente y por méritos propios: Carrefour, AXN y otras tantas empresas dejan de existir para mí, puesto que yo no existo para ellos.

Gracias por aguantar mi enfado. Espero que hayas hecho el ejercicio de empatizar con la gente de  mi club y entender estas líneas.

Todos tenemos los mismos derechos y nada, ni siquiera estas circunstancias, deben ser excusa para excluirnos aún más de la vida.

Nos vemos. Te mando todos los besos del mundo.

Lucía.

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